01. ¿Qué es Hermanos de Vida?
Vivimos en un mundo en el que las personas nos relacionamos con los que están cerca de nosotros y piensan como nosotros. El resto nos parece ajeno, extraño y la ignorancia nos lleva a sentir prejuicios. Hermanos de Vida pretende conectar a todo ser humano con otra persona nacida el mismo día que tú, de otra cultura muy diferente, desde la infancia, generando un vínculo emocional que normalice la diferencia y que proporcione un apoyo 360 en ambos sentidos a lo largo de sus vidas.
02. ¿Cómo surgió la idea?
Comentario del autor, Juan Luis Fortes: “Durante la primavera de 2020, cuando el confinamiento en España por la COVID-19 se manifestaba en su máxima intensidad, asistía preocupado al conteo diario de víctimas en España, y me preguntaba cómo estarían sufriendo los seres humanos en los países subdesarrollados.
Imaginaba que la única forma de acabar de raíz con esta situación era que medio planeta proporcionara apoyo al otro medio planeta. Y la única forma de que esto pareciera realizable sería uno a uno, persona a persona. Es decir, una persona de un país desarrollado tiene asignada a una persona de otro país desfavorecido para toda la vida.
Y lo mejor para que no haya rechazo, es que el vínculo sea emocional, es que hayan nacido el mismo día y se relacionen desde siempre, desde pequeños.
Ese es el concepto Hermanos de Vida. Todo el planeta interconectado, uno a uno, miles de millones de relaciones individuales. Luego comprendí que esa conexión no solo sería económica, sino cultural, emocional, afectiva, formativa, espiritual, etc.
Llegué a la conclusión de que, en una o dos generaciones de la vida en la tierra, se reducirían enormemente los prejuicios, los miedos a otras culturas y a lo diferente… Cuando una persona se siente emocionalmente conectada a otra, se siente obligada a ayudarle.
03. ¿Cómo contarlo?
Comentario del autor: «Tras el impacto por el hallazgo, sentí la necesidad de contarlo. Si me gustara dibujar, habría pintado cuadros. Si fuera músico, habría escrito canciones. Pero solo se me ocurrió escribir una novela.
Quería transmitirlo desde múltiples puntos de vista y de una forma global, por eso escribí una novela coral con personajes de diferentes culturas, edades y estratos sociales.
Imaginé un software llamado JoinBro con una Inteligencia Artificial que se encargara de desarrollar y mantener esa relación individual entre todos los miembros del planeta; que planificara las reuniones, generara temas de conversación y realizara la traducción simultánea para permitir la comunicación entre personas de diferentes idiomas…”.
04. La novela
El responsable del software de la UNESCO que asigna a los Hermanos de Vida sufre el chantaje de la mafia calabresa con la amenaza de matar a su familia.
Una joven estudiante madrileña descubre el primer amor, los embates de la droga y la covid-19. Cuando los pilares de su vida se desmoronan, Anahí deberá aprender a reconstruirla quedándose con lo realmente importante de la vida.
Un padre de familia hindú pierde a su esposa en un accidente y su hijo pequeño desaparece. Durante su búsqueda, viaja hasta las profundidades del lado oscuro del ser humano.
Tres géneros diferentes: novela negra, juvenil y de aprendizaje. Tres personajes que deberán luchar por los suyos poniendo en riesgo sus propias vidas. Todo ello ambientado en una realidad alternativa, contada de forma minuciosa y realista, alrededor de un nuevo concepto que puede cambiar la sociedad humana tal y como la conocemos: Hermanos de Vida.
05. Un fragmento...
Jaipur, India, jueves 13 de noviembre de 2031.
Sohan estaba sentado en el suelo del largo pasillo en penumbra, iluminado únicamente por una hilera de macilentas bombillas colgadas del techo cada cinco metros. La semioscuridad ocultaba las manchas de humedad y los desconchones de pintura de las paredes y disimulaba la miseria que allí se respiraba.
Eran las once de la noche en Jaipur, y por la ventana enrejada que había en el pasillo frente a la puerta de su habitación entraba luz de una farola de la calle. Cuando Anusha estaba en la habitación jugando con los clientes, al chiquillo le gustaba sentarse bajo la ventana y se entretenía haciendo sombras chinescas con sus manos, el juego que su nueva amiga de doce años le había enseñado.
En ese momento jugaba a que un perro gigante que hacía con la mano derecha ladraba a la sombra del muñeco de trapo que le había regalado Mamá Rani.
—¡Noooo…! ¡No me comaz, perrito malo! —decía el muñeco, asustado.
—¡Guau, guau, guau! ¡Guau, guau, guau! ¡Te voy a comer, ya veráz! —amenazaba el perro con voz terrorífica.
De fondo se escuchaban los ruidos del somier de muelles y los chirridos de las patas de la cama al desplazarse por el suelo de la habitación que compartía con Anusha. Ella le había contado que a veces jugaba con los clientes a dar saltos sobre la cama, y por eso sonaban los ruidos. Y los gemidos se debían a sus esfuerzos por dar tantos saltos, o de perseguirse al pillapilla por la habitación.
Sohan le decía que él también quería jugar con los clientes, pero ella le hacía rabiar respondiendo que a los clientes no les gustaba jugar con niños pequeños, lentos y tontos como él. Y entonces él se enfadaba y ella le gastaba alguna broma hasta que los dos acababan llorando de risa.
Mientras Sohan jugaba en el pasillo, de vez en cuando pasaban a su lado parejas de personas en un sentido o en otro, o bien se escuchaban puertas lejanas abriéndose y cerrándose.
Los ruidos de la habitación dejaron de sonar, y a los pocos segundos se abrió la puerta y salió el cliente que había entrado hacía un rato. Era un señor alto y gordo, vestido con pantalón vaquero azul y camisa de flores. Sohan pensó que Anusha y el hombre habrían jugado mucho, porque la camisa se le había salido del pantalón al hombre y se estaba apretando el cinturón.
El hombre se lo había pasado bien, porque salía de la habitación sonriente y con cara de satisfacción. Sin embargo, ella se había quedado en la habitación y la escuchaba llorar. Sohan dejó en empate la batalla entre las sombras del perro y el muñeco, se levantó y entró en la habitación para ver a su amiga. La niña estaba tumbada boca abajo en la cama y se tapaba la cara con la mano mientras se escuchaban ligeros sollozos.
—¿Por qué lloraz? —preguntó Sohan, preocupado.
Anusha se secó las lágrimas con la manga del largo camisón que llevaba puesto y se irguió en la cama, girándose hacia el niño con los ojos húmedos.
Era una niña preciosa de rasgos delicados, con una piel fina y pálida, nariz de princesa, labios rosados amplios y carnosos, grandes ojos verdes y largo cabello castaño claro. Esa era su maldición. Si no hubiera sido tan bella, posiblemente no la habrían secuestrado ni la habrían llevado a aquel antro nauseabundo.
—Ese hombre cuenta unos chistes tan buenos que no he parado de llorar de risa… ¡Qué tío! —dijo Anusha con una sonrisa forzada en su cara.
—¡Cuéntame un chizte! —dijo Sohan con cara ilusionada.
—Tú no lo entenderías —dijo la niña con cara maliciosa, aspirando por la nariz para sorberse los mocos.
—¡No zoy un niño pequeño! ¡Cuéntamelo, zeguro que lo entiendo! —protestó el niño, enfadado.
—¿Qué insecto tiene los pies en la cabeza? —preguntó Anusha.
—¿Cómo? —preguntó Sohan con cara confusa.
—¡El piojo! ¿Ves? ¡Eres muy pequeño y no te enteras!
—¡Que no zoy pequeño! —dijo el niño a punto de llorar.
Y entonces Anusha se puso a hacerle cosquillas.
—¡Nooooo! ¡Eres un niño grande y muy listooooo!
Y ambos se quedaron en la cama riéndose un rato.
06. Opiniones de lectores
